EL UNIFORME

A mi regreso de unas breves vacaciones quiero realizar una reflexión sobre los cambios que percibo en mi entorno, y que no son sino la expresión de profundos cambios en nuestra sociedad.

Hace unos años un ciudadano podía tomar un café, desplazarse, reunirse o viajar con la intimidad que la ocasión requería, sin que nadie,  salvo su entorno más cercano, pudiera conocer cuál había sido su agenda o su destino. Hoy, con la globalización y la nueva sociedad de la información, Internet, Redes sociales y un sin fin de medios informáticos a disposición de todos los ciudadanos, la intimidad o determinados hábitos han quedado relegados al pasado o, lo que me parece más preocupante, a celebrarlos sin visibilidad, como si de algo malo se tratara

No hace mucho, el directivo de cualquier empresa, el jefe de departamento de un hospital o usted o yo misma,  podíamos tener una reunión a plena luz del día para tratar cualquier asunto de la envergadura que fuera, sin que alguien, en ese lugar , estuviera  haciéndose una selfie, delatando con ello,  con la excusa de la inocua foto, el lugar en que se está celebrando la reunión, las personas que asisten , lo que se está tomando o comiendo,  y un conjunto de circunstancias similares;  y, pocos minutos después, la imagen esté difundida en cualquier red y sea susceptible de cualquier interpretación.

Esta pérdida de intimidad, o de expresión social o personal,  está calando de tal forma en los hábitos de determinados sectores ciudadanos que actos que antes tenían normal naturalidad, hoy queda su celebración relegada al ámbito más próximo o círculos no permeables a su difusión. Sucede así con la política, las reuniones, la educación, las compras, el vestir.  y otras variadas circunstancias de la vida común. Destacar,  o realizar algo que se escapa al estereotipo de igualitarismo impuesto por las fuerzas emergentes de izquierdas que te catalogan de “casta”, está penalizado por quienes imponen la uniformidad.

El estereotipo consiste en un molde  manipulable por parte de quien tiene la habilidad y el poder de inculcarlo a una mente demandante de soluciones. El estereotipo es llevado a la escuela, la familia, la religión, la moda, la moral social y las costumbres habituales. La uniformidad del pensar y del sentir promueve una búsqueda no consciente del “llenado” de ese vacío mental, mediante recursos muchas veces incompatibles con el verdadero sentir autónomo de los individuos. Es ahí donde el mensaje populista cala hondo en la ciudadanía.

¡Seamos diversos! Olvidemos el miedo y la crítica de quienes catalogan a los individuos para castigarlos por su formación u origen. Seamos de izquierdas o de derechas, agnósticos, ateos o católicos, pero mantengamos la diversidad. El hombre no ha recorrido siglos de evolución social y de progreso para ahora, en el siglo XXI, sumirse en una nueva edad media del absolutismo e igualitarismo de formas e ideas

Gracias

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