El bochorno

Leo un comentario a mi anterior entrada de blog “El robo de la rosa” y dice José:

La cosa es más compleja y menos idílica, y sobretodo, como se ha visto en Madrid, menos progresista -más ignorante y selvática- y desinteresada. Con poca rosa, vamos, y más bien dogmática y corrosiva”

Efectivamente la cuestión es mucho más compleja, más retorcida y mucho más bochornosa. El espectáculo de las tomas de posesión en los Ayuntamientos, los pactos que han llevado a su constitución y el discurso torticero justificativo de las alianzas ha sido, como menos, lamentable.

Las imágenes dicen mucho más de lo que a veces se quiere expresar. Para muestra un botón. La fotografía de los nuevos ediles saliendo del Ayuntamiento de Zaragoza, bailando en chirigota, con sus bandas de concejal atadas a modo de cachirulo, no tiene comentario alguno, sino una única palabra. Bochorno.

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3 comentarios en “El bochorno

  1. Ayer se usó el símbolo nacional de todos los españoles en un acto político. ¡Bien! Un gesto al menos conciliador. La imagen periodística y de simbología es llamativa; el lema también: “Un cambio que una”. Hasta ahí correcto, parecía trasladarme a cualquier estado occidental evolucionado. Pero, ¿se atreverían con el himno nacional para inaugurar y cerrar el acto socialista que siempre estuvo adornado con La internacional? Bochorno da que un político, con las siglas que sea, ofrezca los bandazos ideológicos que se han visto en el último mes a los dirigentes socialistas en los pactos. Sí, les robaron la rosa, provocan bochorno, pero sobre todo, muestran escasa fiabilidad

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  2. Las alianzas electorales podrán gustar más o menos, pero entran dentro de lo permitido en la arena política en países democráticos. Los pactos políticos forman parte intrínseca de la democracia. Un pacto no es un matrimonio para toda la vida, es necesario llegar a acuerdos y revalidarlo continuamente para ganar las votaciones. Naturalmente eso tiene un coste político y hasta ahora los pactos de gobierno siempre han tenido un coste electoral para alguno de los partidos (ya sea en colación o mediante apoyos puntuales), porque siempre hay votantes que sienten que su voto no se ha empleado correctamente. Esta es la fortaleza de la democracia, que cada 4 años se pasa una revalida dónde normalmente y lamentablemente son más numerosos los suspensos que los aprobados.

    Actualmente la política ha de ser más cercana a los ciudadanos, los políticos han de pisar la calle, sentir el pulso a las ciudades y escuchar a la ciudadanía. El problema viene cuando la clase política confunde cercanía y se frivolizan los actos trivializándose las instituciones. Este es el verdadero problema, si no se respetan las instituciones corremos el riesgo de que tampoco se respete lo que representan y protegen.

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